La era de la agilidad empresarial está aquí

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La agilidad es una necesidad fundamental de los negocios. Hay que partir de cierta premisa: el mundo, con el avance de la tecnología digital, está cambiando. Y a pasos agigantados. Basta ver los cambios sociales (y las reacciones a estos) y cómo los hábitos de consumo se están transformando para comprenderlo. No tanto la velocidad, sino algo que está más allá: la agilidad. La capacidad de reaccionar rápido, acomodarse e incluso anticiparse.

Este es un reto para toda compañía, pero especialmente para las grandes que tienden a planificaciones largas.

En promedio, los grandes proyectos de TI exceden en un 45% su presupuesto y en un 7% sus tiempos. Además, logran un 56% menos del valor estimado. Dentro de estos proyectos, los de software son los de mayor riesgo. Estas cifras se desprenden de un estudio realizado por McKinsey y Oxford.

¿Por qué los grandes proyectos cuestan tanto y son tan riesgosos?

Porque su esquema no se condice más con el entorno en el que ocurren. Planificar para cinco años, o tres, con grandes inversiones y proyecciones, es armar una ecuación en la que el cambio de entornos no figura. Como si todo ocurriera sin contingencias o dentro de un medio inmóvil. Nada más alejado de lo que podemos ver diariamente.

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Sin embargo, se requiere planificar, proyectar y establecer metas y objetivos. No se puede gestionar un negocio sin visión.

El cambio está en el enfoque. En planificaciones más cortas. No se trata de una fragmentación de los planes. No es cortar el mismo plan de cinco años en cinco partes de un año.

Las grandes compras de tecnología y su implementación en el core del negocio requiere operaciones ágiles. La agilidad radica en:

1.- la capacidad de establecer objetivos y metas cortas.
2.- hacer las implementaciones acordadas (prototipos).
3.- generar quick wins.
4.- medir impacto.
5.- corregir rumbos rápidamente.
6.- culminar y repetir la dinámica con otros objetivos.

Se generan episodios que en pocas semanas pueden dar resultados. A pequeña escala primero. Y, llevar la lógica de la tecnología, es decir la escalabilidad, a la lógica de los proyectos de la organización.

Los grandes cambios consisten de la suma de pequeños cambios. La evolución se ha encargado de dejarlo claro.

Los grandes cambios fundamentales no son saltos de un momento a otro. La esperanza de un gran cambio veloz y sin fricción pertenece al territorio de las fábulas y cuentos. Sus casos en la vida son muy escasos.

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Las transformaciones, como la transformación digital, no son puntos de quiebre mágicos con resultados inmediatos. Más bien, las transformaciones consisten en una serie de cambios que influyen en otros cambios y esa cadena de modificaciones termina por dar, acumulativamente, un cambio profundo.

Esos cambios encadenados son los que permiten la agilidad. Y la agilidad será la que permita sobrevivir y prosperar a los negocios.

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