Prosumer: por qué hay que prestarle atención a este perfil

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedInShare on Google+Email this to someone

A fines del siglo pasado se acuñó el término prosumer (mezcla de productor y consumidor en inglés) y el tiempo ha validado tal perfil. Saber qué es un prosumer es el primer paso para entender cómo integrarlo en el crecimiento de la compañía.

La personalización es una tendencia innegable. Cada vez más lo bienes o servicios dejan de ser paquetes entregados y se adaptan a las medidas de quienes los solicita. Esto pasa desde una pizza hasta la implementación de una planta de producción, pasando por la compra de un automóvil o la gestión de cambio en una organización.

¿Por qué sucede esto y qué implicancias tiene en los negocios? Primero hay que definir que no se trata de una moda, sino de una tendencia. Hablamos del prosumer. El prosumer es aquel individuo (o compañía) ya no solo es consumidor, también es productor.

4 caminos para convertir al prosumer en  tu aliado

¿Por qué es bueno saber qué es un prosumer y que este existe? Porque así se le puede atender. Estas son algunas cosas que hay que tener en cuenta para hacer mejores negocios.

1.- Personaliza: la producción fordiana terminó
Cada vez más el paradigma de la producción masiva, uniforme y homogénea va quedando atrás o reducida a ciertas industrias donde es pertinente. Tanto para productos como para servicios. Aún será necesario producir industrialmente (no se trata de un regreso a la artesanía) pero mezclando elementos de un bien o servicio personalizado. Pensemos en un retail donde se compran las partes para decorar un ambiente. Y que estas partes puedan modificarse antes de la compra. Además de la demanda del prosumer, el avance de tecnologías como Internet of Things darán tanta información a los usuarios y a las compañías, que permitirá diseñar productos para grupos cada vez más segmentados.

2.- El más ágil sobrevive
Una consecuencia clara del prosumer es la necesidad de ser ágil para atenderlo y, mejor aún, anticiparlo. Para esto las organizaciones deben adquirir estructuras ágiles. La agilidad se notará en la formación de sus equipos (mayor horizontalidad) y también en la toma de decisiones. Sus planes deberán prototiparse rápidamente y comprobarse. Si el resultado es negativo, aprender. Si es positivo, escalarlo a toda la organización. Es decir, equivocarse rápido y aprender.

3.- Reconoce lo diverso
Observar y entender al prosumer es el primer paso para satisfacerlo. Se habla del uso de Big Data para analizar las enormes cantidades de información que produce en su contacto con la compañía o en la web. Analizar con herramientas digitales y el uso de Cloud Computing permitirán tener mejores insights sobre sus preocupaciones, demandas, necesidades y tendencias. Así se podrá identificar cada subgrupo y acercarse con coherencia. La diversidad no solo es crucial hacia afuera. Dentro de la organización reconocer la diversidad de ideas supone un salto cualitativo conductual que reforzará su cultura digital. La implementación de equipos multidisciplinarios y por proyecto va en esta línea.

4.- Todo empieza por escuchar
Todo lo diverso se sostiene en una escucha activa. Pero también en involucrar a los públicos en la toma de decisiones. No solo a la hora de adquirir un bien o servicio, también a la hora de pensarlo y elaborarlo. Para eso herramientas de Machine Learning, Big Data y Cloud Computing también ayudarán mucho al objetivo.

Te puede interesar: Qué es IoT y qué impacto tiene en los negocios /
Cloud Computing: cuatro ventajas competitivas (y un bonus).

Hola, soy un prosumer (aka ciudadano digital)

Este perfil fue señalado por Alvin Tofler en 1980 en su libro La Tercera Ola. El prosumidor se forma ante la enorme oferta de información en la cultura de masas. Los medios masivos, gracias a tecnología electrónica primero y luego digital, generan un torrente de información. A más información menos tiempo para procesarla y más estímulos. Y con costes más bajos. Las personas cada vez buscan más que se oiga su voz. Y generan contenidos pidiéndoselo a quienes los producen. O produciéndolo ellos mismos.

Lo dicho aplica a todas las personas. Por lo tanto no es solo un fenómeno del cliente o consumidor, también del trabajador (es decir: el digital worker).

Esto ha supuesto quitarle poder a los medios de comunicación masivo. Pero no solo a ellos. También a los que toman las decisiones en las compañías, sea su rubro el que sea, sin centrarse en el usuario y sus necesidades (y como prosumidor las tiene y ya las sabemos).

Hagamos una pausa. Pensemos en el consumidor digital. Aquel que usa las redes sociales para hacer pública su queja, que interactúa a través de diversos canales. ¿No es ese un prosumer? Está utilizando el entorno digital para crear sus mensajes usando mensajes propios o ajenos. Esta conducta comunicativa se ha trasladado a sus hábitos de consumo. Por eso es que cada vez más se refuerza la tendencia de la personalización.

La gran paradoja de los medios masivos, junto al avance tecnológico, es que desmasificaron a la masa. Aglutinaron tanto a las personas que las terminaron por individualizar en extremo.

Conoce más: Cómo aumentar la productividad con herramientas digitales /
El digital worker puede transformar la compañía.

Este no es un fenómeno aislado e inconexo. Todo esto sucede como parte de la revolución digital. Es un proceso irreversible. El cambio entre las formas antiguas de producir, de vender y de ser y las nuevas se está dando ahora. En el momento de cambio e incertidumbre conocer mejor el contexto de los cambios da una ventaja competitiva para planificar.